REALITY

Ese hombre pequeño, gris, con aspecto de jubilado, vive solo en un pequeño departamento de San Cristóbal. 
Pocas veces sale de allí. No tiene ni celular ni computadora, pero lo llaman a cada rato para ofrecerle promociones y supuestos premios. 
Atiende con mucha amabilidad esos llamados e inicia siempre algún tipo de conversación que excede la intencionalidad de la oferta. 
Parece que fuera su único placer. Cliente infalible de todos los delivery, también compra todo tipo de objeto inútil, al punto de que su departamento se ha ido llenando de ellos y queda muy poco espacio para circular. 
Ahora filman su rutina diaria y se lo puede ver todos los días en un programa de TV, sentado en un sillón que adquirió en un “Pague ya”, durmiendo en una cama que prometía acabar con cualquier dolor en la columna o comiendo lo que le han traido en una bandejita de plástico. La única condición del contrato es que respeten su intimidad en el baño. 
Se considera un hombre como tantos y cuenta que con el dinero que gane se va a comprar una casa con un patio, pero sin jardín.

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